Cuánta sensualidad el poderte leer la mirada
y sentir tus labios entre los míos,
como cuando el río desemboca
[y se hace uno con el mar].
Tocar la suavidad de tus pechos
balanceándose con la cadencia de mis muslos
y los tuyos, húmedos entrelazados,
para fundirnos en un éxtasis puro,
sin más intención que la de ser mar y río,
[agua y vida]
sólo uno.
Tu sensualidad es la mía.
Carne que late empapada de amor llano,
suavidad de princesa inmaculada.
Tan intensamente corre la sangre por mis venas
[con tu nombre]
que te siento en cada respiro, en cada aliento.
La huella de tus manos en mi espalda es perenne,
trasciende los espacios tatuados por el tiempo
y figuras estampadas en mi mente.
Recorrimos el sendero que sublima carne y espíritu
que buscan darle forma al amor.
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