No hay que llenar vacíos,
hay que habitar espacios.
Hay un capítulo en la vida llamado desapego. es la cualidad que permite establecer con las personas, con las cosas, y con las etapas de la vida una relación de autonomía, de autenticidad.
El desapego se relaciona con el abandono del ansia y del deseo que, en la filosofía oriental, son consideradas generadoras de dolor y sufrimiento.
No poder desapegarse de una persona, de un hábito, de una idea, de un objeto, lleva a establecer con ellos relaciones de posesión o de sumisión.
El apego es una actitud que nos deja encadenados al pasado, mientras tanto la vida continúa sucediendo.
Niñez, adolescencia, madurez, vejez. Primavera, verano, otoño, invierno. Amanecer, día, atardecer, noche. Siembre, cosecha.
Nuestra existencia será más armónica si acompañamos esos ciclos naturales. Cuando así no ocurre, la vida no fluye, sus aguas se estancan.
El apego a una relación, a una costumbre, a un espacio, a una actividad, a una idea, a una práctica, puede llegar a ser tóxico o disfuncional.
El apego traba nuestro andar por la vida, carga nuestro equipaje con lo innecesario, nos impide escoger lo necesario.
El desapego es... el arte de soltar.
Jorge Sinay
miércoles, 27 de marzo de 2013
domingo, 13 de enero de 2013
Cuánta sensualidad
Cuánta sensualidad el poderte leer la mirada
y sentir tus labios entre los míos,
como cuando el río desemboca
[y se hace uno con el mar].
Tocar la suavidad de tus pechos
balanceándose con la cadencia de mis muslos
y los tuyos, húmedos entrelazados,
para fundirnos en un éxtasis puro,
sin más intención que la de ser mar y río,
[agua y vida]
sólo uno.
Tu sensualidad es la mía.
Carne que late empapada de amor llano,
suavidad de princesa inmaculada.
Tan intensamente corre la sangre por mis venas
[con tu nombre]
que te siento en cada respiro, en cada aliento.
La huella de tus manos en mi espalda es perenne,
trasciende los espacios tatuados por el tiempo
y figuras estampadas en mi mente.
Recorrimos el sendero que sublima carne y espíritu
que buscan darle forma al amor.
y sentir tus labios entre los míos,
como cuando el río desemboca
[y se hace uno con el mar].
Tocar la suavidad de tus pechos
balanceándose con la cadencia de mis muslos
y los tuyos, húmedos entrelazados,
para fundirnos en un éxtasis puro,
sin más intención que la de ser mar y río,
[agua y vida]
sólo uno.
Tu sensualidad es la mía.
Carne que late empapada de amor llano,
suavidad de princesa inmaculada.
Tan intensamente corre la sangre por mis venas
[con tu nombre]
que te siento en cada respiro, en cada aliento.
La huella de tus manos en mi espalda es perenne,
trasciende los espacios tatuados por el tiempo
y figuras estampadas en mi mente.
Recorrimos el sendero que sublima carne y espíritu
que buscan darle forma al amor.
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