que nos vuelve tontos en un instante.
Porque en ese instante nos creemos invencibles
cuando en realidad somos felizmente vulnerables.
Porque nos volvemos libro abierto
y el lector se vuelve escritor
que escribe entre sus líneas
lo que jamás se borrará.
Porque anota al margen y en páginas blancas
a la menor distracción.
Y al final,
la historia se vuelve polvo
que alguien más respirará.
Porque no hay vida sin el aire
que respiro de tu aliento,
siento que eres mía, vida mía.
Respírame profundo.
Háblame con esa boca tuya
y sonríe mientras me hablas
porque al escucharte vivo.
Tócame con tu piel dorada
que la mía es blanca
y suplica caricias de sol.
Revuelve mi universo con el tuyo,
revuélcame en tu sombra
y suéñame en tus noches...
Porque te deseo.
Si fueras cielo dormiría de día
y si luna yo estrella,
la del norte para estar muy cerca media vida.
Porque siempre habrá un momento
para despegar con esas viejas alas
ansiosas de volar a través de un cielo
infinito
y conocer un mundo lleno
de colores.
Porque se ha abierto un cielo azul radiante,
por vos.
Porque te deseo.