martes, 28 de octubre de 2008
Cuánta sensualidad
Cuánta sensualidad el poderte leer la mirada y sentir tus labios entre los míos, como cuando el río desemboca y se hace uno con el mar. Tocar la suavidad de tus pechos balanceándose con la cadencia de mis piernas y las tuyas húmedas entrelazadas para fundirnos en un éxtasis puro, sin más intención que la de ser mar y río, agua y vida, sólo uno. Tu sensualidad es la mía. Carne que late empapada de amor llano, suavidad de princesa inmaculada. Tan intensamente corre la sangre por mis venas que te siento en cada respiro, en cada aliento. La huella de tus manos en mi espalda es perenne, trasciende los espacios tatuados por el tiempo, figuras estampadas en mi mente. Recorrimos el sendero que sublima el cuerpo y el espíritu que buscan darle forma al amor.
viernes, 17 de octubre de 2008
Fríos
Aquí llueve hace varios días, en Francia hay mucho sol. Los días grises no me gustan porque no hay tanta felicidad, sí, me refiero a que los días grises son tristes, como que no dan muchas ganas de ir sonriendo por todos lados. Mándame un poco de su sol, que hay mucho, aparte tengo super gafas de rockero ¿cómo puedo estar triste con eso? Apenas ayer hacía mucho frío aquí y mi lugar es muy frío, preferiría vivir en un lugar templado siempre, en donde me pueda mover sin temor a quedar congelado o tiritar al caminar por la calle, que me acueste en la cama y mis pies estén cálidos para dirmir a gusto. No me gusta dormir con calcetines ni con muchas cobijas que te sientas inmóvil. En alguna región de España está nevando, ya se acerca el invierno y nuestro clima es impredecible. Hace un año no sentí tanto frío como éste. Esperemos a que el invierno se estacione para morir con la manos congeladas y la nariz roja.
jueves, 16 de octubre de 2008
Aliento
Bajo un suspiro sincopado
detrás de una tibia barra,
con un antiguo sabor amargo
encadenado a mi aliento
te descubro
como una sombra abrazada a mi ilógica razón.
Quiero ser el licor que empapa tus pupilas
y robar tu aliento como el buqué,
pasar por tu garganta y rozar tu carazón.
Voy a embriagarte con un soplo
lo que la razón ha olvidado.
Vámonos a vivir a la Luna.
Allí
no tenremos que huír de nadie,
Allá
no habrá día ni noche,
horas ni minutos,
sólo tú y yo.
Olvida
por un prolongado momento
la miseria del camino andado.
Imagina
un mundo de dos
un camino de ambos
dos manos sujetas
y ambos corazones embriagados.
detrás de una tibia barra,
con un antiguo sabor amargo
encadenado a mi aliento
te descubro
como una sombra abrazada a mi ilógica razón.
Quiero ser el licor que empapa tus pupilas
y robar tu aliento como el buqué,
pasar por tu garganta y rozar tu carazón.
Voy a embriagarte con un soplo
lo que la razón ha olvidado.
Vámonos a vivir a la Luna.
Allí
no tenremos que huír de nadie,
Allá
no habrá día ni noche,
horas ni minutos,
sólo tú y yo.
Olvida
por un prolongado momento
la miseria del camino andado.
Imagina
un mundo de dos
un camino de ambos
dos manos sujetas
y ambos corazones embriagados.
¿Qué va a pasar cuando pienses en el día de mañana como un acontecimiento incierto?

Buena pregunta...
El sábado pasado celebramos el medio siglo de mi padre con una reunión en la que ofrecimos pasta, carne, ensalada y vinos (por cierto, unos malbec de Mendoza exquisitos); los invitados, varios matrimonios que rondaban la edad del festejado, algunos hijos, algunas tías, mi tío, la abuela, mis mejores amigos y quien mejor gasta mi quincena.
Después de varias copas del vino que regalé a mi padre y que estuvimos degustando durante la comida y un poco más, sin llegar siquiera a acercarnos a la embriaguez, me saltó a la mente la pregunta del proemio. Extraño cuestionamiento para alguien joven como yo y justamente antes de entrar al baño. Total, decidí anotarlo con urgencia en mi teléfono celular para después, con toda calma, tratarlo y tejer de alguna manera la posible respuesta.
Realmente es una buena pregunta. Somos jóvenes y creemos que esta juventud es la de Fausto, pero cuántas veces nos hemos detenido para reflexionar sobre nuestra futura vejez. Pocas o ninguna. Planear el futuro a largo plazo es algo complicado, no contamos con los elementos necesarios para hacerlo, ya sea porque lo creemos lejano, porque vivimos al día o porque la decidia se ha apoderado de nuestra voluntad.
Quien quiera llegar a viejo tiene que visualizarse como tal y actuar en consecuencia. Lo que quiero decir es que si queremos una vejez digna debemos tomar decisiones que nos permitan tenerla, la vejez es cuestión de salud y de actitud. Yo estoy dejando de fumar y lucho por tener una actitud más positiva día a día, debo dejar mi amargura a un lado.
Cuando llegue a viejo quiero recordar mi infancia, mi adolescencia, mi juventud y mi adultez como si yo contara mi historia; yo quiero ser el protagonista de los relatos que cuente a mis hijos y a mis nietos. Las enfermedades de la memoria en la vejez son cada vez más frecuentes y dañan en un mayor grado a quienes rodean al enfermo. Leamos diariamente lecturas dignas de nuestra gran mente humana, enriquezcamos nuestro cerebro y la mente del pueblo, por la salud colectiva y la doméstica.
Hoy sé qué hice ayer, qué haré mañana, el sábado y quizá el fin de año. Cuando el mañana sea simplemente una súplica de mis oraciones nocturnas y dominicales sabré que si llega es porque mi espíritu es el que debe madurar y que alguien necesita de mis palabras para dar un paso adelante.
Yo quiero llegar a viejo.
(Debo hacer ejercicio ahora)
El sábado pasado celebramos el medio siglo de mi padre con una reunión en la que ofrecimos pasta, carne, ensalada y vinos (por cierto, unos malbec de Mendoza exquisitos); los invitados, varios matrimonios que rondaban la edad del festejado, algunos hijos, algunas tías, mi tío, la abuela, mis mejores amigos y quien mejor gasta mi quincena.
Después de varias copas del vino que regalé a mi padre y que estuvimos degustando durante la comida y un poco más, sin llegar siquiera a acercarnos a la embriaguez, me saltó a la mente la pregunta del proemio. Extraño cuestionamiento para alguien joven como yo y justamente antes de entrar al baño. Total, decidí anotarlo con urgencia en mi teléfono celular para después, con toda calma, tratarlo y tejer de alguna manera la posible respuesta.
Realmente es una buena pregunta. Somos jóvenes y creemos que esta juventud es la de Fausto, pero cuántas veces nos hemos detenido para reflexionar sobre nuestra futura vejez. Pocas o ninguna. Planear el futuro a largo plazo es algo complicado, no contamos con los elementos necesarios para hacerlo, ya sea porque lo creemos lejano, porque vivimos al día o porque la decidia se ha apoderado de nuestra voluntad.
Quien quiera llegar a viejo tiene que visualizarse como tal y actuar en consecuencia. Lo que quiero decir es que si queremos una vejez digna debemos tomar decisiones que nos permitan tenerla, la vejez es cuestión de salud y de actitud. Yo estoy dejando de fumar y lucho por tener una actitud más positiva día a día, debo dejar mi amargura a un lado.
Cuando llegue a viejo quiero recordar mi infancia, mi adolescencia, mi juventud y mi adultez como si yo contara mi historia; yo quiero ser el protagonista de los relatos que cuente a mis hijos y a mis nietos. Las enfermedades de la memoria en la vejez son cada vez más frecuentes y dañan en un mayor grado a quienes rodean al enfermo. Leamos diariamente lecturas dignas de nuestra gran mente humana, enriquezcamos nuestro cerebro y la mente del pueblo, por la salud colectiva y la doméstica.
Hoy sé qué hice ayer, qué haré mañana, el sábado y quizá el fin de año. Cuando el mañana sea simplemente una súplica de mis oraciones nocturnas y dominicales sabré que si llega es porque mi espíritu es el que debe madurar y que alguien necesita de mis palabras para dar un paso adelante.
Yo quiero llegar a viejo.
(Debo hacer ejercicio ahora)
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