...
Llegaron personas equivocadas a las que les dimos el poder de cortarnos la cabeza y apuñalarnos por la espalda con la más mísera de las navajas: la mentira. O tal vez en ese momento las descubrí. Me convertí en el niño engañado por los adultos para esconderle una verdad dolorosa que le quitaría la ilusión y la esperanza de un mundo perfecto.
Ahora cojeábamos del pie más fuerte, construimos nuestro infierno y lo visitábamos frecuentemente. Nunca hicimos nada en la Luna! Nos engañamos, era un estúpido holograma. Qué ingenuos!
Entre promesas, juramentos, hermosas palabras de aliento para seguir cuesta arriba, litros de lágrimas, metros de papel, millones de risas, millones de mentiras, millones de verdades, gritos, burlas, infinitas confusiones y malos entendidos, groserías y todo aquello que pueda llenar estas asquerosas líneas de gruñidos y gestos carajos... ¡se está rompiendo mi corazón en delgadas líneas de cristal! Te has burlando de mí. ¿Cuánto veneno guardas para hacerme tanto daño? ¿Has medido tu potencial para construir y destruir en un parpadeo?
No cambiaría por nada los maravillosos momentos que pasamos juntos, ni el brillo de tus ojos, ni el color de tus labios. Es sólo que estoy triste y desilusionado. No te molestes.
“Había hablado contigo,
Te había tocado los labios,
Te tome de la mano
Y tu también...
Dejaste que mis ojos percibieran la luz de tus ojos,
Te hice reír y tú me hiciste feliz.
Pero me enamoraste tú,
Como sólo tú lo haces,
Como sólo tú sabes el color de mis suspiros.
Te respiro
soplo acompasado con el mío.
Me río... y eres Felicidad.”
¿Lo recuerdas? ¿Bonito, no? Totalmente de acuerdo, no es muy técnico, pero lo hicimos juntos.
No me queda más que decirte, o tal vez ya no se me ocurre nada. Entre mentiras, engaños y cóleras ya me cansé. Por favor, olvídame. Has de cuenta que ya todo pasó y no hay rencores. Vamos a hacer de cuenta que sólo fuimos los mejores amigos y echamos a perder nuestra amistad por una tontería que no tiene solución.
Trataré de raspar sobre tu nombre hasta que haya sangrado lo suficiente para borrarlo y después, ya veremos si puedo volver a escribir encima.
Me mantendré tan ocupado que me olvidaré de ti. Me embriagaré tanto que te hundiré en una laguna de borracho, una laguna de lágrimas amargas.
No quiero volver a escuchar tu voz porque el eco se estamparía en mi cabeza por los siglos. Preferiría no verte hasta que conozca la luz, la luz que pensé eras tú. Te Amo, tanto, que daría la vida por ti. Te extrañaré tanto, como si me hubieras abandonado.
Cuando termines de leer esto, siéntate y llora amargamente porque es el fin. No hubo final feliz. El príncipe murió y la princesa se hizo vieja por su príncipe.
Me consuela el saber que “el amor es eterno mientras dura”. Me sentí millonario con dos monedas en el bolsillo pero, al fin, teniéndote mía.
domingo, 21 de diciembre de 2008
lunes, 8 de diciembre de 2008
El fin (parte uno)
Hola.
Éste es uno más de esos escritos que gritan, lloran y te sonríen en diferentes partes del texto. Son un sube y baja de las emociones. Pueden suplicarte y darte la espalda a la vez. Te sitúan en diferentes tiempos y lugares conforme cambias de renglón. Son poemas de amor y canciones desesperadas; odas, elegías, novelas, cuentos y cuanto se te ocurra, hasta cursilerías. Estas palabras hablan de verdades y mentiras, pero todo es verdad bajo la lente de un loco enamorado y humillado por el más grande de sus amores.
A manera de narración, te voy a contar un poco de mi historia. Si acaso lo llegas a imprimir y se mancha el papel, no te preocupes, tal vez las lágrimas trasciendan más allá de mi pantalla.
Un día te vi, estabas sentada en la sala de televisión de mi casa haciendo no sé qué con tus compañeros de clase. Yo ni siquiera te conocía y menos iba a saber quién serías mucho tiempo después. Días posteriores me hablaron muy bien de ti y comenzaste a interesarme como posible prospecto a relacionarme contigo. Regresaste a mi casa y te conocí. En un encuentro incómodo por no aceptar tu ayuda en una tarea simple, conocí tu sonrisa y tu amabilidad.
En una ocasión salimos juntos: la primera cita, a tomar café y platicar con el ánimo de descubrir, o confirmar, lo que ya antes nos habían contado del otro. Poco relajado el asunto nos concretamos a decir palabras que interesaran al otro. Buena noche, terminó la velada.
Hice una pausa para recordar esos momentos en que encontré tus ojos.
Una segunda cita fue determinante. El lugar al que van todos los novios se convierte en un verdadero e interminable intimidar de manos para nosotros dos. Pero salimos airosos, creo. Volvimos a tu lugar para concretar con palabras lo que parecía un buen comienzo. Sentimos mariposas en la panza. Yo, al menos, no lo asimilaba del todo.
Largas y amenas charlas para abrirnos al otro y mostrar lo mejor que somos y tenemos para dar y compartir. Noches que rezábamos no terminaran y rogábamos se ampliaran aún más para coquetearnos y descubrirnos. Pero, al principio, no “debemos” mostrar lo malo, simplemente perderíamos terreno propio. No debemos permitir que se den cuenta de nuestras mentiras. ¡Todo menos eso!
Horas y momentos felices pasaron, haciendo de nuestro creciente amor un idilio. Pasamos grandes obstáculos. Rechazaste el matrimonio y nos mantuvimos de pie; hacíamos de la libertad un monumento envidiable, nadie lo podía derribar con un soplo débil. Nos contamos importantes secretos y fuimos cómplices de esas pequeñeces. A pesar de que tu madre me rechazaba a capa y espada también lo derrotamos, no igual pero orgullosamente. Hicimos de la luna el símbolo de lo que había entre nosotros, apenas la contemplábamos y soñábamos. Cosa linda.
Bien recuerdo la primera vez que nos entregamos al cuerpo. Infinidad de veces sentimos llegar al cielo en el más ardiente de los orgasmos. Aprendimos bastante. Gracias por esos halagos que harían sentir bien al más desgraciado de los hombres.
Buenas fiestas las que celebramos. Sorpresa la de mi cumpleaños, cuando jurabas que no estarías conmigo. Gracias, la pasé de lujo. Ese día no cabíamos en el lugar de tan orgulloso que me sentía de tenerte a mi lado. Qué decir de la Navidad cuando nos deseábamos lo mejor de lo mejor con nuestros seres queridos. El año nuevo, no fue la excepción. Eran tiempos de mucho frío y no nos separábamos ni un instante para no sentirlo. Inolvidable el viaje a Tuxpan, no? Todo era como increíble, en ese momento yo podía morirme satisfecho de haber encontrado la armonía y el amor en mi vida.
(continúa...)
Éste es uno más de esos escritos que gritan, lloran y te sonríen en diferentes partes del texto. Son un sube y baja de las emociones. Pueden suplicarte y darte la espalda a la vez. Te sitúan en diferentes tiempos y lugares conforme cambias de renglón. Son poemas de amor y canciones desesperadas; odas, elegías, novelas, cuentos y cuanto se te ocurra, hasta cursilerías. Estas palabras hablan de verdades y mentiras, pero todo es verdad bajo la lente de un loco enamorado y humillado por el más grande de sus amores.
A manera de narración, te voy a contar un poco de mi historia. Si acaso lo llegas a imprimir y se mancha el papel, no te preocupes, tal vez las lágrimas trasciendan más allá de mi pantalla.
Un día te vi, estabas sentada en la sala de televisión de mi casa haciendo no sé qué con tus compañeros de clase. Yo ni siquiera te conocía y menos iba a saber quién serías mucho tiempo después. Días posteriores me hablaron muy bien de ti y comenzaste a interesarme como posible prospecto a relacionarme contigo. Regresaste a mi casa y te conocí. En un encuentro incómodo por no aceptar tu ayuda en una tarea simple, conocí tu sonrisa y tu amabilidad.
En una ocasión salimos juntos: la primera cita, a tomar café y platicar con el ánimo de descubrir, o confirmar, lo que ya antes nos habían contado del otro. Poco relajado el asunto nos concretamos a decir palabras que interesaran al otro. Buena noche, terminó la velada.
Hice una pausa para recordar esos momentos en que encontré tus ojos.
Una segunda cita fue determinante. El lugar al que van todos los novios se convierte en un verdadero e interminable intimidar de manos para nosotros dos. Pero salimos airosos, creo. Volvimos a tu lugar para concretar con palabras lo que parecía un buen comienzo. Sentimos mariposas en la panza. Yo, al menos, no lo asimilaba del todo.
Largas y amenas charlas para abrirnos al otro y mostrar lo mejor que somos y tenemos para dar y compartir. Noches que rezábamos no terminaran y rogábamos se ampliaran aún más para coquetearnos y descubrirnos. Pero, al principio, no “debemos” mostrar lo malo, simplemente perderíamos terreno propio. No debemos permitir que se den cuenta de nuestras mentiras. ¡Todo menos eso!
Horas y momentos felices pasaron, haciendo de nuestro creciente amor un idilio. Pasamos grandes obstáculos. Rechazaste el matrimonio y nos mantuvimos de pie; hacíamos de la libertad un monumento envidiable, nadie lo podía derribar con un soplo débil. Nos contamos importantes secretos y fuimos cómplices de esas pequeñeces. A pesar de que tu madre me rechazaba a capa y espada también lo derrotamos, no igual pero orgullosamente. Hicimos de la luna el símbolo de lo que había entre nosotros, apenas la contemplábamos y soñábamos. Cosa linda.
Bien recuerdo la primera vez que nos entregamos al cuerpo. Infinidad de veces sentimos llegar al cielo en el más ardiente de los orgasmos. Aprendimos bastante. Gracias por esos halagos que harían sentir bien al más desgraciado de los hombres.
Buenas fiestas las que celebramos. Sorpresa la de mi cumpleaños, cuando jurabas que no estarías conmigo. Gracias, la pasé de lujo. Ese día no cabíamos en el lugar de tan orgulloso que me sentía de tenerte a mi lado. Qué decir de la Navidad cuando nos deseábamos lo mejor de lo mejor con nuestros seres queridos. El año nuevo, no fue la excepción. Eran tiempos de mucho frío y no nos separábamos ni un instante para no sentirlo. Inolvidable el viaje a Tuxpan, no? Todo era como increíble, en ese momento yo podía morirme satisfecho de haber encontrado la armonía y el amor en mi vida.
(continúa...)
martes, 28 de octubre de 2008
Cuánta sensualidad
Cuánta sensualidad el poderte leer la mirada y sentir tus labios entre los míos, como cuando el río desemboca y se hace uno con el mar. Tocar la suavidad de tus pechos balanceándose con la cadencia de mis piernas y las tuyas húmedas entrelazadas para fundirnos en un éxtasis puro, sin más intención que la de ser mar y río, agua y vida, sólo uno. Tu sensualidad es la mía. Carne que late empapada de amor llano, suavidad de princesa inmaculada. Tan intensamente corre la sangre por mis venas que te siento en cada respiro, en cada aliento. La huella de tus manos en mi espalda es perenne, trasciende los espacios tatuados por el tiempo, figuras estampadas en mi mente. Recorrimos el sendero que sublima el cuerpo y el espíritu que buscan darle forma al amor.
viernes, 17 de octubre de 2008
Fríos
Aquí llueve hace varios días, en Francia hay mucho sol. Los días grises no me gustan porque no hay tanta felicidad, sí, me refiero a que los días grises son tristes, como que no dan muchas ganas de ir sonriendo por todos lados. Mándame un poco de su sol, que hay mucho, aparte tengo super gafas de rockero ¿cómo puedo estar triste con eso? Apenas ayer hacía mucho frío aquí y mi lugar es muy frío, preferiría vivir en un lugar templado siempre, en donde me pueda mover sin temor a quedar congelado o tiritar al caminar por la calle, que me acueste en la cama y mis pies estén cálidos para dirmir a gusto. No me gusta dormir con calcetines ni con muchas cobijas que te sientas inmóvil. En alguna región de España está nevando, ya se acerca el invierno y nuestro clima es impredecible. Hace un año no sentí tanto frío como éste. Esperemos a que el invierno se estacione para morir con la manos congeladas y la nariz roja.
jueves, 16 de octubre de 2008
Aliento
Bajo un suspiro sincopado
detrás de una tibia barra,
con un antiguo sabor amargo
encadenado a mi aliento
te descubro
como una sombra abrazada a mi ilógica razón.
Quiero ser el licor que empapa tus pupilas
y robar tu aliento como el buqué,
pasar por tu garganta y rozar tu carazón.
Voy a embriagarte con un soplo
lo que la razón ha olvidado.
Vámonos a vivir a la Luna.
Allí
no tenremos que huír de nadie,
Allá
no habrá día ni noche,
horas ni minutos,
sólo tú y yo.
Olvida
por un prolongado momento
la miseria del camino andado.
Imagina
un mundo de dos
un camino de ambos
dos manos sujetas
y ambos corazones embriagados.
detrás de una tibia barra,
con un antiguo sabor amargo
encadenado a mi aliento
te descubro
como una sombra abrazada a mi ilógica razón.
Quiero ser el licor que empapa tus pupilas
y robar tu aliento como el buqué,
pasar por tu garganta y rozar tu carazón.
Voy a embriagarte con un soplo
lo que la razón ha olvidado.
Vámonos a vivir a la Luna.
Allí
no tenremos que huír de nadie,
Allá
no habrá día ni noche,
horas ni minutos,
sólo tú y yo.
Olvida
por un prolongado momento
la miseria del camino andado.
Imagina
un mundo de dos
un camino de ambos
dos manos sujetas
y ambos corazones embriagados.
¿Qué va a pasar cuando pienses en el día de mañana como un acontecimiento incierto?

Buena pregunta...
El sábado pasado celebramos el medio siglo de mi padre con una reunión en la que ofrecimos pasta, carne, ensalada y vinos (por cierto, unos malbec de Mendoza exquisitos); los invitados, varios matrimonios que rondaban la edad del festejado, algunos hijos, algunas tías, mi tío, la abuela, mis mejores amigos y quien mejor gasta mi quincena.
Después de varias copas del vino que regalé a mi padre y que estuvimos degustando durante la comida y un poco más, sin llegar siquiera a acercarnos a la embriaguez, me saltó a la mente la pregunta del proemio. Extraño cuestionamiento para alguien joven como yo y justamente antes de entrar al baño. Total, decidí anotarlo con urgencia en mi teléfono celular para después, con toda calma, tratarlo y tejer de alguna manera la posible respuesta.
Realmente es una buena pregunta. Somos jóvenes y creemos que esta juventud es la de Fausto, pero cuántas veces nos hemos detenido para reflexionar sobre nuestra futura vejez. Pocas o ninguna. Planear el futuro a largo plazo es algo complicado, no contamos con los elementos necesarios para hacerlo, ya sea porque lo creemos lejano, porque vivimos al día o porque la decidia se ha apoderado de nuestra voluntad.
Quien quiera llegar a viejo tiene que visualizarse como tal y actuar en consecuencia. Lo que quiero decir es que si queremos una vejez digna debemos tomar decisiones que nos permitan tenerla, la vejez es cuestión de salud y de actitud. Yo estoy dejando de fumar y lucho por tener una actitud más positiva día a día, debo dejar mi amargura a un lado.
Cuando llegue a viejo quiero recordar mi infancia, mi adolescencia, mi juventud y mi adultez como si yo contara mi historia; yo quiero ser el protagonista de los relatos que cuente a mis hijos y a mis nietos. Las enfermedades de la memoria en la vejez son cada vez más frecuentes y dañan en un mayor grado a quienes rodean al enfermo. Leamos diariamente lecturas dignas de nuestra gran mente humana, enriquezcamos nuestro cerebro y la mente del pueblo, por la salud colectiva y la doméstica.
Hoy sé qué hice ayer, qué haré mañana, el sábado y quizá el fin de año. Cuando el mañana sea simplemente una súplica de mis oraciones nocturnas y dominicales sabré que si llega es porque mi espíritu es el que debe madurar y que alguien necesita de mis palabras para dar un paso adelante.
Yo quiero llegar a viejo.
(Debo hacer ejercicio ahora)
El sábado pasado celebramos el medio siglo de mi padre con una reunión en la que ofrecimos pasta, carne, ensalada y vinos (por cierto, unos malbec de Mendoza exquisitos); los invitados, varios matrimonios que rondaban la edad del festejado, algunos hijos, algunas tías, mi tío, la abuela, mis mejores amigos y quien mejor gasta mi quincena.
Después de varias copas del vino que regalé a mi padre y que estuvimos degustando durante la comida y un poco más, sin llegar siquiera a acercarnos a la embriaguez, me saltó a la mente la pregunta del proemio. Extraño cuestionamiento para alguien joven como yo y justamente antes de entrar al baño. Total, decidí anotarlo con urgencia en mi teléfono celular para después, con toda calma, tratarlo y tejer de alguna manera la posible respuesta.
Realmente es una buena pregunta. Somos jóvenes y creemos que esta juventud es la de Fausto, pero cuántas veces nos hemos detenido para reflexionar sobre nuestra futura vejez. Pocas o ninguna. Planear el futuro a largo plazo es algo complicado, no contamos con los elementos necesarios para hacerlo, ya sea porque lo creemos lejano, porque vivimos al día o porque la decidia se ha apoderado de nuestra voluntad.
Quien quiera llegar a viejo tiene que visualizarse como tal y actuar en consecuencia. Lo que quiero decir es que si queremos una vejez digna debemos tomar decisiones que nos permitan tenerla, la vejez es cuestión de salud y de actitud. Yo estoy dejando de fumar y lucho por tener una actitud más positiva día a día, debo dejar mi amargura a un lado.
Cuando llegue a viejo quiero recordar mi infancia, mi adolescencia, mi juventud y mi adultez como si yo contara mi historia; yo quiero ser el protagonista de los relatos que cuente a mis hijos y a mis nietos. Las enfermedades de la memoria en la vejez son cada vez más frecuentes y dañan en un mayor grado a quienes rodean al enfermo. Leamos diariamente lecturas dignas de nuestra gran mente humana, enriquezcamos nuestro cerebro y la mente del pueblo, por la salud colectiva y la doméstica.
Hoy sé qué hice ayer, qué haré mañana, el sábado y quizá el fin de año. Cuando el mañana sea simplemente una súplica de mis oraciones nocturnas y dominicales sabré que si llega es porque mi espíritu es el que debe madurar y que alguien necesita de mis palabras para dar un paso adelante.
Yo quiero llegar a viejo.
(Debo hacer ejercicio ahora)
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